El destete
La Organización Mundial de la Salud y UNICEF aconsejan la lactancia materna durante la primera infancia: “La leche materna es una fuente importante de energía y proteínas, y ayuda al niño a protegerse de la enfermedad durante su segundo año de vida.”(1) Biológicamente parece que estamos programados para una edad de destete que va de los 2 años y medio a los 7 años (2), y eso concuerda con que los huesos de nuestros niños se formen gracias a la leche diseñada específicamente para ello.
Tu leche le aporta anticuerpos y otras substancias protectoras mientras continuas lactando, y las familias de niños pequeños amamantados a menudo ven que sus facturas médicas son menores que las de sus vecinos durante los años siguientes. Las madres que han dado a sus hijos una lactancia prolongada tienen un riesgo de desarrollar cáncer de mama todavía menor. Los niños amamantados por mucho tiempo tienden a ser más seguros de sí mismos, y es menos probable que se chupen el dedo o usen objetos de transición (osito, mantita).
La lactancia materna puede ayudaros a superar los llantos, caídas y rabietas que conlleva la primera infancia, y contribuye a que las enfermedades sean más benignas y llevaderas. Es una “herramienta multiusos” que no querrás perder. No te preocupes de si tu hijo querrá mamar toda la vida. Todos los niños dejan de hacerlo algún día, independientemente de lo que tú hagas (y andan por ahí más niños de teta de los que imaginas).
Tanto si amamantas durante un día como si lo haces durante varios años, la decisión de dar el pecho a tu bebé es algo que nunca lamentarás. Y cuando llegue el momento del destete, recuerda que es un gran paso para los dos. Si eliges destetar antes de que tu hijo esté preparado, hazlo gradualmente, y con amor.
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