Cómo conciliar hijos y matrimonio
¿Qué pasa hoy en día en las familias? Muchas están se separando y otras simplemente se aguantan y sobreviven. Y nosotros nos preguntamos el por qué eso está ocurriendo. ¿Cuáles son las causas? Algunas parejas achacan a la pérdida de convivencia, otras a las muchas horas de trabajo, al distanciamiento, y otras aún, a la responsabilidad y compromisos con los hijos.
No se puede generalizar el tema. Cada familia es única y lo único que podemos hacer es hacerlos reflexionar acerca del tema, creando inquietudes ganas de vivir mejor su matrimonio.
La familia: hijos y pareja
La familia surge de la consolidación de una pareja. Primero, los jóvenes se conocen y se enamoran. En ese periodo ellos se comunican, hablan de sus proyectos, inquietudes, ideas e ideales, de sus deseos profundos, y también de sus miedos. Un día deciden casarse y formar una familia. La salud de la pareja, es decir, su forma de vivir, será lo que determine siempre el bienestar de la familia, y de los hijos. Si la pareja se desestabiliza, eso se dejará reflejar en la familia.
Tarde o temprano, las dificultades aparecerán. En muchos casos, tras la llegada de los hijos se acrecientan por diversos motivos:
- El aumento de responsabilidades. Adquiero la responsabilidad de un hijo hasta que él se pueda responsabilizar por él mismo
- La exaltación de la maternidad. La mujer deja de ser esposa y persona y se convierte en sólo madre; el padre se puede sentir desplazado.
- Coincidencia del momento de la maternidad con el momento de desarrollo profesional. Exige que nos volquemos más en el trabajo.
- Diferentes criterios educativos. La madre y el padre no concilian esos criterios y eso acaba provocando roces o la distancia entre la pareja.
- Menos tiempo para la pareja. Los hijos muchas veces requiere más atención de lo normal y eso hace con que la pareja tenga menos tiempo para estar junta.
- Problemas económicos. Aunque los hijos no son lo único que dificulta la relación entre la pareja, también nos influyen los problemas económicos, las familias políticas, demasiado trabajo fuera de casa, el afán de muchos padres por alcanzar mejores puestos en el trabajo, mejores salarios, etc.
La comunicación hace la diferencia
Todo eso nos hace reflexionar. Seria conveniente que pensáramos en parejas especiales, en ¿qué tienen de diferente? Según algunos estudios, una de las diferencias más importantes entre esas parejas y las demás, es la profundidad en su comunicación. Pensemos, pues, en nuestra comunicación. Con el tiempo, la comunicación en la pareja se va debilitando y empobreciendo. No se puede ignorar que somos dos personas distintas, con diferentes necesidades, inquietudes, deseos, y miedos. Nos cuesta reconocer y aceptar al otro tal cómo lo es. Delante de esas dificultades, muchas veces nos callamos y ahí es donde empieza el deterioro en la comunicación. Una cosa está clara: una pareja, por más tiempo que conviva, no deja nunca de conocerse.
Una profunda relación de pareja depende de:
- Una mayor profundidad en la comunicación.
- Una mayor necesidad de mejorar nuestra capacidad de escucha. De entendimiento, de ponerse en lugar del otro.
- Una mejor lenguaje NO verbal. Las acciones dicen mucho más que las palabras.
Algún día nuestros hijos tendrán su propia pareja y se encontrarán con dificultades parecidas a las que enfrentamos hoy. Es necesario reflexionar y preguntarse la pareja: ¿hemos podido enseñarles o transmitirles cómo resolver sus problemas de pareja? ¿les hemos preparado para superar sus dificultades? La respuesta estará en el núcleo familiar de hoy, en el ejemplo que le damos día a día. Por eso, no podemos conformarnos con ser una pareja mediocre. El bienestar de una pareja es una construcción diaria, y de DOS.
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