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Manual para enfrentar un parto por cesárea
Cuando se practica una cesárea, ni el parto ni el posparto son iguales a los de un nacimiento vaginal, y no siempre se te informa “lo que te espera” ni cómo afrontar las molestias de esta intervención. Toma nota y te evitarás sorpresas.
A que cuando hiciste los cursos de preparación para el parto, el tema de los cuidados del puerperio si te hacían una cesárea fue tratado por encimita (si es que en algún momento se hizo mención a él). Y resulta paradójico, ya que cada día es mayor el número de niños que llegan al mundo mediante esta intervención. Si es tu caso, te va a interesar leer este “manual de primeros auxilios”. Te ahorrará más de una desagradable sorpresa.
¿Programada o repentina?... la cosa cambia
Si te han practicado la cesárea programada (si el médico ha decidido intervenirte con “fecha y hora”, sin esperar a que el parto se produzca de forma espontánea), seguramente tu ginecólogo ya te habrá puesto en antecedentes de lo que se supone, así como de las características del posparto. Es más, si te lo ha notificado con la antelación suficiente, tal vez hayas podido comentárselo a quien dirigía tus cursos de preparación para el parto, y ella te habrá dado las pautas. Pero si la cesárea está motivada por alguna dificultad en el parto (por ejemplo, que no progrese la dilatación o se detecta sufrimiento fetal), no estarás preparada ni física ni psíquicamente para afrontar el día después.
Y ahora, ¿puedo darle pecho?
Sin duda alguna. La operación no influye en el suministro de la leche ni en la capacidad ni en el deseo del bebé de succionar. De hecho, te vas a enfrentar a los mismo problemas de “falta de entrenamiento” que si hubieras tenido un parto vaginal. Tu único hándicap será el cansancio y el dolor postoperatorio, que al principio puede ser muy intenso. Por eso, debes descubrir las posiciones que te sean más cómodas. Intenta acostarte de lado inmediatamente, gira tu cuerpo para darle el pecho a tu bebé de lado; así, ni el bebé ni tú tendrás que cambiar de posición. Algunas mujeres dicen que la posición sentada, con varias almohadas para proteger la cicatriz, es la más cómoda. Eso sí; no intentes hacerlo sola al principio, pide ayuda para que cojan al pequeño y te lo coloquen bien.
Ponerte de pie, la prueba de fuego
Grábate esto a fuego en la mente: para recuperarte, tienes necesariamente que ponerte de pie, aunque debido al dolor abdominal, te parezca que nunca vas a poder volver a adoptar la posición vertical. A las 24 horas del parto, el médico y las enfermeras te obligarán (literalmente) a levantarte, primero te harán ir de la cama al sillón más cercano y, después, poco a poco, irán ampliando la longitud de tus pasos. Un buen truco para hacer más fácil la incorporación consiste en arrastrarte hasta un lado de la cama y luego, con la ayuda de una silla que tengas cerca, pon primero un pie y luego el otro. Te marearás, pero es normal tras una intervención así. Aunque te parezca imposible, día a día lo harás mejor y ¡cuánto más te muevas, antes te recuperarás!.
Tu principal enemigo: ¿los gases?
Como siempre que se trata de una intervención abdominal, uno de los problemas más molestos y desagradables del postoperatorio es la aerofagia. La formación de gases se debe al cese temporal de la actividad intestinal debido a la anestesia, al traumatismo ocasionado por la operación y a la inmovilidad. Lo único que puedes hacer es cambiar de posición del mayor número de veces posible, ya que los médicos no aconsejan la medicación, pues, a veces retrasa la actividad intestinal. Y no te cortes, intenta echarlos con naturalidad. De todas formas trata de estar tranquila, pasados los dos primeros días, el problema suele desaparecer.
Goteos, sondas y otros “apéndices” molestos...
Como en cualquier intervención de la envergadura de la cesárea, te habrán puesto una sonda en la vejiga. Suelen retirarla a las 24 horas, y cuando lo hagan es posible, y normal, que sientas un ligero dolor al orinar, que desaparece a los pocos días.
También estarás “conectada” a un goteo intravenoso que te mantendrá nutrida e hidratada en todo momento (recuerda que no puedes comer y ni beber hasta pasadas 24-48 horas) y a través de la cual se te suministrará además la medicación que precises (generalmente un fármaco a base de oxitocina para estimular las contracciones uterinas y alguno que otro analgésico, ¡no dudes en pedirlo!). Muchos médicos instalan, además, el redón, una especie de tuvo que sale de la cicatriz abdominal y está unido a una botella; su finalidad es permitir que drenen las secreciones del interior y evitar así posibles acumulaciones. Lo retiran pasadas de 24-48 horas después del parto.
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"El nacer es un derecho"
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