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Un clásico: La bella durmiente
En un distante país y hace ya muchos años, gobernaban el Rey y la Reina más buenos y queridos por sus súbditos que nadie pueda imaginar.
Eran justos y todos en el reino se sentían muy felices, solamente faltaba al país un príncipe heredero para que la dicha fuese completa, así que , imaginaros amiguitos, lo contentos que todos los habitantes de aquella nación se sintieron cuando una mañana de primavera se escucharon en todo el reino los diez cañonazos que anunciaban el nacimiento de una princesita:
-¡Escuchad, escuchad, escuchad...! Desde esta madrugada este país cuenta con un heredero al trono. De parte de nuestros señores los Reyes vengo a anunciaros esta buena nueva:
Ha nacido una Princesa que se llamara Isabel. Los Reyes quieren que los habitantes todos de este reino participen de su alegría y por ello invitan a todos a los festejos que desean celebrar para conmemorar este acontecimiento tan esperado.
-¡Vivan los Reyes!
-¡Vivan!
Mientras tanto en el palacio, el Rey decía a la Reina:
-He aquí la lista de las personas importantes que acudirán a las celebraciones en honor de nuestra hija, he invitado a los reyes de los países vecinos e incluso a todas las hadas que viven en el bosque cercano.
-Que bien habéis hecho esposo mío invitando a las hadas, son buenas y siempre me ayudaron cuando yo necesité sus favores. Dicen que cada una concede una virtud a los recién nacidos. Espero que si vienen Isabel será favorecida con sus dones.
Pasaron unos días y todo el país aparecía envuelto en los preparativos para las grandes fiestas, y por fin llegó el gran día en que estas comenzaron:
-Mirad, ya empiezan a llegar carrozas hacia Palacio, es el Rey Berrocal, y aquellos los Reyes de Mica.......
-¡Oh...! qué carrozas tan maravillosas, son las de las buenas hadas del bosque.
-Que hermosos vestidos llevan, y que caballos tan bien enjaizados........
-¡Mirad, mirad! Detrás vienen los bailarines que ha mandado traer su Majestad......
En efecto, era un cortejo impresionante el que se dirigía al Palacio y todos los que lo formaban esperaban en el gran patio de armas a que los invitados fueran visitando la cuna de la princesita. Cada uno de ellos alababa su belleza y le hacían un regalo.
Las hadas buenas del bosque pasaron por fin a ver a Isabel y una le regalo belleza, otra bondad, otra justicia, otra amor, y así cada una le otorgó su gracia. Pero cuando la fiesta era más agradable y todos disfrutaban de aquel día tan maravilloso se oyó en palacio una voz que a todos hizo temblar:
-¡Oídme, escuchad, oídme todos! Sobre todo vosotros los Reyes, habéis hecho una gran injusticia, pues os habéis olvidado de invitarme y esto no os lo perdonaré. ¿Creéis que porque soy la más pobre de las hadas y vivo sola no me entero de lo que sucede en el reino? Estáis muy equivocados, no haberme invitado ha sido un horrible desprecio y por eso os voy a castigar. ¡Paso! Abridme paso hasta la cuna.
-¡Oh, no! Que no pase......
-¡Fuera, fuera!
-¡No!
-¡Fuera, paso he dicho! Así, así, veamos..... que esta es la recién nacida.........Bien, bien, pobre niñita yo veo hoy algo que nadie ha visto en tu frente, sí, en tu frente veo que te pincharás con el uso de una rueca y que a los quince años morirás....
Se armó un gran revuelo por esta declaración del hada Soledad, y todos lloraban y se lamentaban mientras que el hada mala usando sus poderes mágicos desaparecía dejando tras ella un humo de color rojo. Tanto lloraban los Reyes que una de las hadas buenas que se llamaba el hada Misericordia, tras imponer silencio dijo:
-¡Shhhhhhhhh! Tranquilizaos.....Como todavía no ha transcurrido una hora desde la maldición de la hada Soledad, voy a romper su conjuro por lo menos tratando de suavizarlo.
Y diciendo esto, sacó de entre sus bellos ropajes un frasquito de precioso cristal azul y tapón de oro y abriéndolo, vertió su contenido alrededor de la cuna y por el salón donde todos estaban y dijo así:
-Querida Isabel, gracias a este líquido mágico cuando cumplas quince años no morirás, sino que te quedarás dormida hasta que alguien rompa tu encantamiento y despiertes de tu sueño.
Diciendo esto todas las hadas desaparecieron. De inmediato, el Rey ordenó quemar todas ruecas y husos del país para que no se cumpliera el maleficio del hada Soledad. Todos los súbditos obedecieron sus órdenes y así transcurrieron quince años de felicidad hasta que un día:
-Mañana cumple nuestra hija quince años, y ya ves, esposa mía, que aquella hada mintió, pues nada le ha ocurrido a Isabel. No obstante, mis guardianes espías la vigilan noche y día para mayor seguridad. Mañana es un gran día y habrá fiestas en todo el reino para celebrar el cumpleaños de la heredera.
-Invitad entonces a todos los que vinieron a celebrar su nacimiento, pero olvidad al hada Soledad que seguramente intentará hacerle daño de nuevo.
-Así se hará, Reina mía.
Al día siguiente en palacio todo era alegría. Había risas, música, comida y bebida y todo transcurría normalmente, hasta que una primita de Isabel le dijo a la hermosa princesita:
-Isabel, ¿por qué no nos escapamos de esta fiesta con tanta gente? Y damos un paseo a caballo por el bosque.
-¡Oh, sí! Que gran idea, cogeremos fresas junto al lago.
Y sin que los guardianes se dieran cuenta ni nadie más en el palacio lo notara, salieron Isabel y su prima a caballo hacia el bosque. Allí una vez junto al lago, las dos niñas empezaron a coger fresas e Isabel decía:
-¡Qué emocionante! Poder escaparse un rato de aquel barullo. Le llevaremos fresas a mamá y así nos perdonara la escapada.....pero......primita, primita...¿Dónde estas?
Tan afanada buscaba las fresas la princesita que, sin querer se había separado mucho de su prima, y cuando empezó a llamarla oyó ruido entre unas matas y vio a una mujer que hilaba lana a la sombra de un gran árbol.
-Buenas tardes señora, ¿haría el favor de decirme si ha visto pasar por aquí a una muchacha morena con un cestito de fresas?
-Querida niña, ha pasado y me ha encargado te diga que la esperes porque volverá ahora mismo. Si quieres entretener la espera yo te enseñaré a tejer lana.
Y sin más preámbulos le entregó la rueca y el huso, y al ir a cogerlo la princesa se pinchó en el dedo corazón cayendo al suelo como fulminada. Mientras esto sucedía ya los espías de palacio estaban buscando a la Princesa. Su prima, que entretanto había vuelto al lugar donde había ocurrido el terrible accidente, al ver lo sucedido cabalgó a galope tendido a palacio a dar la terrible noticia. Podéis imaginaros amiguitos que la vieja no era otra que la malvada hada Soledad.
Los Reyes fueron al bosque, y allí entre lamentos y sollozos colocaron a la hermosa
princesa en una caja de cristal y oro bien resguardada del frío, el viento y la lluvia. Y cuentan que pasaron muchos, muchos años tantos como cien, hasta que un día, un príncipe del reino vecino que iba de caza por el bosque se extravió y de repente se encontró frente a la bella princesita durmiente que reposaba en su lech de cristal transparente:
-Oh Dios santo, que joven tan hermosa, parece dormida ahí dentro, es tan bella.....

El príncipe no podía apartarse de ella y tan bonita le parecía que se enamoró de ella. Entonces sin pensarlo más se acercó y abrió la tapa de cristal, beso apasionadamente a la joven en una de sus blanquísimas mejillas. La bella princesa entonces:
-¿Quién sois vos? He permanecido dormida mucho tiempo y gracias a vuestro beso he podido despertar.
-Soy el Príncipe Yamat, del reino vecino. Perdonad mi atrevimiento, pero creo que os amo.
Ya podéis imaginar amigos, que la princesa no tardó en corresponder al príncipe y que al cabo del tiempo se casaron, fueron felices y nunca más oyeron hablar del hada Soledad.
FIN
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