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Old 03-Jul-2008, 04:13 PM   #1 (permalink)
Marita
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Wink Cuéntale un cuento: Hans el escudero



Érase una vez, hace ya muchísimos años, que en un lejano país, hoy desconocido, vivía un terrible dragón que tenía aterrorizados a todos los habitantes del pueblo. El Rey no sabía que hacer para acabar con aquel azote y decidió lanzar una proclama:

-Nuestro señor el Rey ante la angustia en que vive el pueblo lanza esta proclama: A todos los súbditos de mi pueblo, señores y villanos, hago saber que a aquel que consiga librarnos del terrible dragón se le otorgarán grandes honores y riquezas y pasará a ser primer ministro de mi reino.

Ante este anuncio, no fueron pocos los voluntarios que se presentaron para realizar la hazaña, pero uno tras otro, todos sucumbieron ante el terrible enemigo, sin embargo, acuciado por la ambición, cierto caballero llamado Ludwig se lanzó a la aventura:


-Voy a probar fortuna Hans, y tú como fiel escudero tendrás que acompañarme.

-Pero señor, eso es muy peligroso, y casi seguro, que sucumbiremos igual que todos los que antes que tú han probado fortuna.

-Deja ya de hablar prepárame el caballo y la armadura, ¡vamos rápido!

Muerto de miedo, el pobre Hans, que apenas contaba 15 años se dispuso las órdenes recibidas, mientras rezongaba para sus adentros:

-Se creerá mi señor que va a conseguir algo........bueno, algo si que conseguirá, que el dragón nos mate a todos,.......sí, a ti también caballito.



Cuando todo estuvo dispuesto ayudo a montar a su señor, y tomando de la brida al caballo se encaminó hacia la cueva donde habitaba el dragón:

-Ahí es señor, en esa cueva, mira cuántos huesos hay repartidos en la entrada, ¿por qué no nos vamos ahora que todavía estamos a tiempo?

-Calla de una vez, vamos, que estoy ansioso de echarle la vista encima a ese monstruo.

Pero una cosa era hablar y otra muy diferente era hacer lo que se decía, según se aproximaba a la entrada de la cueva Ludwig se iba rezagando, los dientes empezaban a castañetearle y las piernas se le doblaban.

-Oye Hans, entra tú primero y dime si está el dragón, yo te seguiré para protegerte.

-Pero señor........ eres tú el que quieres matar al dragón, no yo.

-Voto a tal, no discutas y entra.

Y diciendo esto empujó al pobre escudero dentro de la cueva, el muchacho temblaba de miedo pero no se atrevió a replicar de nuevo.

-Ahí está señor, detrás de esas rocas.

-Dónde está, dónde ¿ahí?

Detrás de una enorme roca estaba el dragón echado, levantó lentamente la cabeza y abrió las fauces arrojando una bocanada de fuego, se fue incorporando y aquello no era un dragón, era una montaña de músculos, su enorme cola hizo temblar las paredes de la cueva de un golpe y las espinas de su lomo se erizaron, su aspecto era terrorífico; Ludwig estaba horrorizado y nuestro buen Hans no podía ya ni tenerse en pie porque le temblaban las piernas.

-¡Ay señor!, muertos somos, estamos perdidos.

Y se escondió detrás de una piedra. Cuando volvió la cabeza vio que su señor huía como alma que lleva el diablo, dejándolo solo y abandonado a su suerte, vio la lanza a sus pies abandonada por el cobarde caballero, instintivamente, la tomó en sus manos y se agazapó aún más detrás de la roca, los dientes le castañeteaban.

-¡Ay! estoy perdido y el cobarde de mi amo me ha dejado abandonado a mi suerte.

El dragón se levantó y comenzó a andar hacia la salida de la cueva, un paso, otro, y se aproximaba cada vez más, el suelo temblaba como si hubiera un terremoto y algunas rocas se desprendían del techo de la cueva.

-¡Ay Dios! Si no me ve, a lo peor, me aplasta con sus enormes patazas y si me ve todavía es peor, pues seguro que me devora como si fuera una aceituna.

Ya estaba encima de él, afortunadamente no le había visto, pero una uña de una de sus zarpas casi lo parte en dos, no hizo más que rozarlo y le destrozó la camisa haciéndole un profundo arañazo en el pecho. Aprovechando que lo tenía encima, tomo la lanza con todas sus fuerzas y la lanzó en el costado del monstruo que lanzó un enorme rugido, la lanza se había clavado en su corazón, pero aún tuvo fuerzas antes de desplomarse de lanzar un coletazo que si lo pilla lo habría aplastado como una cucaracha. Nuestro buen Hans jadeaba por el esfuerzo, no podía creer lo que veía:

-Anda, pero si lo he matado y yo solito.....!Señor, Señor! Ven a ver, ven a ver el dragón, lo he matado señor.

Ludwig apareció en la boca de la cueva receloso, no se lo podía creer.......Del asombro pasó a la envidia.

-¿Muerto, muerto el dragón por un miserable escudero como tú? Pronto, pronto trae mi espada, hemos de cortar la cabeza del dragón para presentarla como prueba.

El confiado muchacho entregó la espada a Ludwig, quien cortó la cabeza del dragón.

-Qué hazaña señor, seré famoso, yo un pobre escudero, haber dado muerte a este monstruo, ¿Eh Señor? Figuraos, figuraos lo que dirá el rey cuando se entere, je, je, je.



Aquí acabo su parlamento, pues cuando el malvado Ludwig se vio con la espada en la mano y el dragón muerto, en un descuido de Hans acercándose por la espalda le dio un terrible golpe con su espada.

-Pobre iluso, creías que iba a dejar para ti la gloria de esta hazaña......Yo y nadie más que yo presentará la cabeza del dragón al rey y para mi serán las recompensas y los honores.

Mientras decía estas y otras cosas parecidas hizo un agujero donde metió al pobre Hans. Pasó el tiempo y un día una pastorcilla que iba con su rebaño por esos parajes:

-Eh, Blanquita no te metas en esa cueva que ahí es donde vivía el dragón y podrás perderte.

Efectivamente, una oveja, la más traviesa del rebaño se había adentrado en una cueva. Hasta allí fue la pastorcilla a buscarla y al hacerlo tropezó con un objeto alargado como de marfil que sobresalía de la pared, lo cogió:

-Anda, que bonito, con esto me podré hacer una flauta nueva, la que tenía se me rompió ayer, mira que suerte.

Cogió el huesecillo, hizo volver a blanquita con las demás ovejas, y se dispuso a la sombra de un árbol a confeccionarse una flauta:

-Vamos a ver, hago un agujerito aquí, otro aquí otro aquí, pongo aquí la boquilla.......veamos qué tal suena........

Pero oh!!! Prodigio, no bien comenzó a comenzó a soplar la flauta, cuando ésta comenzó a cantar:

-¡Yo soy un hueso del pobre Hans, el escudero de un vil señor, que con mi muerte quiso ocultar que fui yo aquel quien mató al dragón.....!

-¡Oh...! ¿Qué es esto? A ver.....tocaré otra vez.....

-¡Yo soy un hueso del pobre Hans, el escudero de un vil señor, que con mi muerte quiso ocultar que fui yo aquel quien mató al dragón.....!

La pobre pastorcilla no daba crédito a lo que oía, cada vez que intentaba tocar la flauta la misma estrofa.....Echó a correr hacia el pueblo donde contó su aventura. La noticia corrió como un reguero de pólvora, y así de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, no se hablaba de otra cosa, así llegó un día hasta palacio.

-Que me traigan aquí a la pastora de la flauta mágica y.....!ay de ti Ludwig como sea verdad lo que me han contado...........!

Habréis de saber que el malvado Ludwig después de ocultar al pobre Hans, recogió la cabeza del dragón y presentándose con ella al Rey reclamó los honores y riquezas prometidas. Fue nombrado primer ministro, cuando la pastorcilla llegó a palacio:

-A ver, vamos a ver ¿es verdad eso que dices de la flauta?

-Sí señor, ¿queréis verlo?

-Una cosa así tengo que verla para creerla. Tú Ludwig, aquí a mi lado, ¡guardias! Hasta que termine la demostración cuidad de que el primer ministro no escape. Vamos pequeña, toca.

-Sí, majestad.

Y llevándose la flauta a los labios comenzó a tocar:

-¡Yo soy un hueso del pobre Hans, el escudero de un vil señor, que con mi muerte quiso ocultar que fui yo aquel quien mató al dragón.....!

-Ahhhhhhh...malvado.....¿qué tienes que decir a esto?

-Piedad señor, piedad, no sabía lo que hacía, el miedo me volvió loco, la ambición me transtorno, piedad, piedad señor, piedad.........

-Encerradlo en la mazmorra, allí estará hasta que muera. Y tú pastorcilla, dime ¿dónde encontraste el hueso?

-En una cueva que hay en las montañas cerca de mi pueblo señor.

-Bien, guíanos allí.

-Emprendieron la marcha y cuando llegaron a la cueva:

-Cavad, cavad donde os dice la pastorcilla.

Así lo hicieron, y al poco tiempo hallaron al escudero Hans, como si estuviera dormido, una cicatriz se podía ver en el sitio en que recibió el golpe, pero estaba vivo, eso sí, le faltaba el dedo meñique de la mano derecha que era aquel hueso que encontró la pstorcilla. Como si despertara de un sueño.....:

-Qué es esto, qué ocurre aquí......

Le contaron mucho lo sucedido y él se alegró mucho de volver a la vida, al tiempo que se apenaba de su señor.

-Majestad, solo quiero pediros una cosa, no para mí, sin para el pobre Ludwing......dejadle libre, ya tendrá bastante con su conciencia.

-Hans, nada puedo negarte, pero no podrá volver jamás a mi reino, será desterrado y tu ocuparás su lugar en la corte.

Así se hizo, y el bueno de Hans, llevó con destreza los asuntos del reino en compañía de la pastorcilla con la que se casó y fueron felices durante muchos años....................

FIN



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