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6 buenos consejos a tener en cuenta cuando pedimos a los hijos que realicen una tarea
1. Comprenda los verdaderos objetivos. El propósito de los quehaceres no es simplemente lograr que se ejecuten las tareas onerosas; ni siquiera se trata de enseñar a los niños "a trabajar". tener relucientes los platos o impecable la alcoba es menos importante que inculcarles responsabilidad, independencia, dignidad, confianza y aptitud, los fundamentos de la salud emocional. Además, cumplir con los quehaceres ayuda al niño a entender que la gente debe cooperar y trabajar para alcanzar metas comunes. Los adultos más capacitados son los que saben cómo se logra esto.
2. Empiece pronto. El impulso de "ayudar a mamá" surge casi cuando el niño aprende a caminar. Cualquier pequeño de dos años puede traer y llevar cosas, e inclusive separar la ropa para lavar (cosa que además le permitirá conocer las formas y los colores). El de cuatro o cinco años es capaz de entender instrucciones sencillas y hacer pequeños mandados; también es posible esperar que guarde sus juguetes, recoja la ropa o retire sus platos de la mesa. El niño de siete años puede asumir ciertas responsabilidades familiares. Una buena comisión inicial es la de poner la mesa; pero cualquier tarea fácil que de resultados satisfactores servirá igual.
Sin embargo, no se debe presionar al niño con tareas que rebasen sus habilidades. Un quehacer nuevo debe constituir un desafío, pero también es preciso que produzca en el pequeño un sentimiento de realización. Si el niño se desalienta, acaso no esté dispuesto a intentar algo otra vez.
3. Establezca normas realistas. Obviamente, un adulto puede hacer la mayoría de las tareas mejor que un niño. Resístase a la tentación de hacer las cosas usted mismo o de "retocarlas", porque esto afecta la sensación de capacidad y utilidad del pequeño.
La mejor manera de enseñarles a realizar una tarea consiste en la simple repetición. Muéstreles cómo se hace, realícelo con ellos y, luego, deje que lo hagan solos. Manténgase dispuesto a darles consejo, pero no se apresure a intervenir. Tampoco se interponga si desean hacer algo a su manera. Decirles, por ejemplo: "Yo siempre sacudo antes de usar la aspiradora", sólo les enseña que sus esfuerzos no son meritorios.
Esto no significa que se debe tolerar la torpeza. Si una tarea no se ejecuta de acuerdo con la capacidad del niño, insita en que la vuelva a hacer, ahora apropiadamente. Establezca un plazo razonable, pero sin reprenderlo. Si la mesa no está lista a la hora de comer, por ejemplo, hágale ver - con firmeza - que los demás están esperando.
4. No lo soborne. El mejor pago para cualquier tarea es una sonrisa, un abrazo o decirle "¡Gracias!" Otra buena forma de compensación es comentar con alguien que usted se enorgullece del niño, cuando él pueda oírle.
Al aprender los niños por sí mismos, el planear y completar una tarea ya es una recompensa en sí. Los niños pueden recibir dinero, desde luego, pero no lo convierta en un pago. Pagarles por cumplir con un quehacer que de todas maneras deben realizar, no sólo huele a soborno, sino que también implica que dicho quehacer no tiene ningún valor en sí. El niño al que se le paga por tender la cama puede empezar a pensar que deben pagarle por recoger sus calcetines.
No obstante, es correcto pagar por un proyecto específico. Un especialista en desarrollo infantil deseaba que pintaran la cerca de su casa, y le pidió a su hija que fijara el precio. Ella calculó el número de horas que duraría su trabajo y ambos se pusieron de acuerdo en el pago. Entre otras lecciones, comentó él, la niña aprendió el valor de sus esfuerzos, y además a realizar una negociación.
5. Fomente el trabajo "afuera". Desbrozar jardines, cuidar niños y repartir periódicos ayudará a los pequeños a que aprendan a trabajar de acuerdo con las normas de otras personas, y también les inculcará independencia y les ofrecerá más lecciones sobre la responsabilidad.
6. No exagere. El trabajo es valioso, pero esclavizarse no lo es. El exceso de obligaciones puede estorbar en la educación, en las actividades sociales o en otros aspectos del desarrollo infantil. El doctor Obedzinski cita el caso de una niña de 14 años cuyos padres trabajaban mientras ella se encargaba de los quehaceres domésticos y cuidaba de su hermano menor. "En apariencia, la chica parecía contenta", dice Obedzinski, "pero quien platicara un rato con ella advertía que tenía escasa autoestima y estaba muy deprimida". El niño que soporta una carga pesada puede llegar a considerarse un "esclavo", en vez de creerse miembro de la familia.
Trabajar - a cualquier edad - es importante; pero no lo es todo. Como lo señala Vaillant, debemos tener el cuidado de mantener el trabajo dentro de una adecuada perspectiva humana.
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"El nacer es un derecho"
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