13-May-2008, 11:30 PM
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Las Rabietas
Entre los 14 y los 16 meses de edad, el niño comienza a desafiar la autoridad de sus mayores. Les pone a prueba negándose a hacer lo que le piden y haciendo las cosas que le han dicho que no debe hacer. Estos desafíos forman parte de un comportamiento normal para reafirmar su personalidad y su autonomía.
Hacia el final del segundo año, algunos niños responden de manera encolerizada cuando reciben una respuesta negativa a sus desafíos o cuando se les obliga a hacer algo que no desean hacer. Chillan, gritan, dan patadas, se tiran al suelo o lanzan objetos con furia.
En general, las rabietas se producen siempre en presencia de la madre o el padre o de la persona que lo cuida habitualmente. Casi siempre se producen en casa o en momentos en que la madre está ocupada con otra cosa, cuando hay algo de tensión en el ambiente (visitas...).
Posibles Causas:
- La frustración del niño por no poder hacer algo “inmediatamente”.
- Su deseo de controlar el ambiente, su deseo de “omnipotencia”.
- El deseo de llamar la atención, de ser el centro, para recibir cariño. Algunos niños descubren que “portándose mal” reciben mucha atención y cuando “son buenos” nadie les hace caso. Prefieren correr el riesgo de recibir un cachete, pero desean contacto.
- Cuando las normas de comportamiento son poco claras o incoherentes, el niño trata de descubrir dónde están los límites.
- Cuando los padres dan otras muestras de incoherencia o inconsistencia.
Que hacer ante una rabieta:
A veces, la solución más sencilla es desviar la atención del niño. Distraerle con un cuento, una canción, un baile, un juego. Es preferible algo divertido o sorprendente y, cuanto antes, mejor. No dar importancia a la pataleta, no prestar atención al niño o salir de la habitación, suelen dar también buenos resultados, solo que a veces, es muy difícil.
Sea coherente. Si el niño sabe cuáles son los límites, no intentará luchar contra ellos. Recuérdele el límite. “Ya sabes que antes del almuerzo no se toman chocolatinas”.
Durante una rabieta, el adulto debe mantener la calma hablándole con suavidad pero con firmeza, tratándole con cariño pero sin dejar que el niño se salga con la suya.
Algunas veces hará falta contener al niño, sujetarle físicamente (por ejemplo, en el supermercado, no vaya a destrozar cosas, si se va a hacer daño o si golpea a otros). Mejor hacerlo sin hablarle ni mirarle y sujetándolo con firmeza. Cuando el niño se haya calmado, conviene que hablemos con él de las causas y explicarle sus límites (las normas familiares), sus expectativas (que las cumpla porque ya es mayor), sus sentimientos.
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