La adopción en niños mayores de 6 años
Todos por igual, necesitan del amor y la seguridad que una familia desee brindar.
Por lo regular, cuando existe la firme decisión de adoptar un hijo, lo primero que se considera es adoptar un bebé recién nacido. Es cierto que son pequeñitos indefensos carentes de amor, pero también existen niños más grandes con una fuerte necesidad de vivir en el seno de una familia que le brinde esa seguridad que tanta falta les hace.
Quizá una de las razones más evidentes sea la fuerte creencia de que al adoptar un bebé, es más fácil la integración de la familia y de que existe esa posibilidad de vivir cada etapa del crecimiento de un hijo; necesidad latente, sobre todo, en aquellas personas que no han podido concebir un hijo propio.
Sin embargo, debes saber que en cada etapa del desarrollo de un niño se experimentan emociones bellas y diferentes, y todas sin excepción son de igual importancia. El vínculo afectivo que se establece entre padres e hijos no depende de la edad del menor, más bien tiene que ver con la dedicación, atención, amor y paciencia que quieras regalar y la forma en cómo lo deseas entregar.
Si para algunas parejas es difícil pensar en la adopción de un menor arriba de los seis años, para el niño es aún más complicado entenderlo y sobre todo adaptarse a esa situación. Precisamente por eso, existen programas dentro de las mismas casas hogares, para ayudar, a través de pláticas y terapias, a la integración exitosa de una nueva familia.
Una persona o pareja que adopta un niño de seis años o más, le regala la oportunidad de desarrollarse en un ambiente sano, de sentirse amado y aceptado.
Para el niño esa adopción, representa una alternativa de un proyecto de vida diferente, la posibilidad de tener el mismo derecho que todos, el de crecer con los cuidados y el amor de una familia.
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